Cien años después de The Kid (1921), el primer largometraje de Charles Chaplin, el artista austriaco Norbert Pfaffenbichler nos trae su peculiar homenaje con 2552.01 – The Kid (2021), la primera película de una trilogía, en donde despliega una inusual puesta en escena para mostrarnos un mundo distópico e inhumano en, tal vez, una de las mejores expresiones del cine underground de la modernidad, una polifonía punk que tiene como eje el cine de género más experimental, y también la comedia física, el melodrama, la ciencia ficción, el arte pictórico, la performance y una extensa cinefilia.
Filmada en blanco y negro (y una gama de colores que varían en este binomio), sin sonido directo, en sótanos, túneles y caserones sin ventanas, Pfaffenbichler imagina un mundo silente e infernal, no tan lejano a la realidad que estamos viviendo (ni a la de Chaplin casi dos décadas antes de la brutal Segunda Guerra Mundial), en donde los seres humanos, convertidos en vestigios de sí mismos y derivados a una forma monstruosa de vida, tienen que sobrevivir en espacios subterráneos oprimidos por un gobierno totalitario que controla sus vidas, y en donde los que no son funcionales al fascismo (representado también por el poder fáctico que son las instituciones educativas) terminan siendo desechos que viven al borde del abismo, expuestos continuamente al hambre, la persecución, la cárcel, la violencia, la tortura, la muerte y la desaparición, y considerados terroristas si se enfrentan a ello, como en gobiernos pasados, presentes y futuros.
Al igual que en la película de Chaplin, hay un niño abandonado (o perdido) y un hombre que, sin quererlo, se hace cargo de él. Si recuerdan la película de 1921, el niño abandonado tiene una historia detrás, la madre lo abandona dentro de un coche luego de que ella misma fuera abandonada por el padre de la criatura, el coche es robado por un par de ladrones, que descubren al niño y lo dejan abandonado. Charlot, mientras camina sorteando la basura que cae de los techos, lo escucha llorar y lo recoge del suelo, pero intenta deshacerse rápidamente de él dejándolo con una mujer que pasea a un bebé, entregándoselo a un viejo mendigo o incluso pensando en tirarlo a un hueco. Al final desiste y se queda con él, mientras la madre, arrepentida de lo que ha hecho, intenta recuperarlo, pero no lo logra, y así pasan cinco años. La situación de extrema pobreza de Charlot no ha mejorado, pero se ha convertido en un padre diligente y preocupado, que se sirve de su hijo para ganarse la vida arreglando ventanas rotas que el niño previamente ha roto, mientras son acosados por la policía que no los deja “trabajar”.
En The Kid de 2021, el origen del niño se pierde frente a la sociedad totalitaria en la que vive, el hombre con máscara de mono que asume su cuidado tampoco tiene un pasado, desconocemos sus circunstancias, son dos vidas que han coincidido en medio de la pesadilla en la que se ha convertido el mundo y de la que no pueden escapar. Si pensamos en mundos del futuro y sociedades posapocalítpticas, ni los monstruos de Star Wars ni los héroes de Mad Max, aunque sentimos sus ecos, pueden compararse a lo que nos encontraremos en The Kid, que en una hora nos muestra una sociedad sórdida repleta de personajes obscenos, nada distante a los que tienen el poder hoy disfrazados de millonarios de ultraderecha, capaces de las peores perversiones y maldades, y aun así seguir dominando el mundo.
Es en esa circunstancia en donde surge el amor entre dos desconocidos (el hombre y el niño) y esa termina siendo la línea argumental de la segunda parte de la trilogía, 2551.02 – La orgía de los condenados (The Orgy of the Damned, 2023).
En esta, el hombre con máscara de mono busca al niño que ha sido raptado para convertirlo en parte de la organización fascista, con la ayuda de una mujer tan brutal y desleal como lo que la rodea, que se convierte en el componente romántico de la cinta. La escena inicial del film, que nos muestra a una persona desnuda sobre un sillón con las piernas abiertas a la que, mientras la cámara se le va acercando, se le va invaginando su órgano sexual masculino, da cuenta de lo que veremos luego, en donde seremos invaginados también a una serie de escenas de una sexualidad desbocada y patológica, un desenfrenado descenso a los abismos de cuerpos y máquinas deseantes convertidos en trozos-cosas-juguetes para el placer del otro y de sí mismos. La biopolítica aquí ha tenido sus efectos, pero contrarios a la planificación familiar y al control de la natalidad, los fetos flotan en las excrecencias por doquier y son parte de la parafernalia del horror, de las cárceles sexuales, de una visualidad lisérgica y febril, que para estos monstruos (y para la sociedad actual) no está lejana de la normalidad. El autor noos dice que en medio de la abyección (como en medio de la pobreza en tiempos de Chaplin) puede surgir la ternura, pero aparece, como en un desierto estéril, en nuestras peores pesadillas.
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Las dos películas se presentan en la pre Lima Alterna este viernes 26 de septiembre y sábado 27 de septiembre en el Centro Cultural de la PUCP, ad portas de la nueva edición de Lima Alterna que va del 10 al 19 de octubre.
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La película de clausura de la 6° Lima Alterna será la última parte de la trilogía 2551.03 – The End.
«De estreno mundial en el festival de Rotterdam 2025, Norbert Pfaffenbichler concluye su saga 2551 con más experimentación formal y cruce de subgéneros bizarros en una visión futurista desalentadora».
