Mano Alzada
Cultura

El cine de Nora de Izcue: la mujer que registró el Perú

Por Cineclub de Lambayeque

Edinson Ramírez, Katherina Tocto, Julio Altamirano, Rubi Gonzalez, Lady Vinces, Luis Camasca

Escribir sobre Nora de Izcue es reseñar a una de las figuras más referenciadas en el cine peruano. Considerada una de las pioneras del cine dirigido por mujeres en nuestro país, hemos revisado su filmografía de manera colectiva: un repaso por sus películas de manera cronológica y atravesadas por los contextos en los que fueron hechas.

Desde “Runan Caycu” hasta “Responso para un abrazo, tras la huella de un poeta“, nos adentramos en sus obras de ficción y documental, en el registro de la lucha campesina, la figura de las mujeres a través de retratos de la Amazonía, la afroperuanidad, la participación ciudadana para acceder a nuestros derechos, el aporte a las artes de la diseñadora Elena de Izcue y las tensiones políticas que hemos atravesado como país en la dictadura de los noventa. De igual manera, revisamos su última obra, un homenaje al poeta César Calvo, que explora sus memorias, su relación con la naturaleza y sus obras.

Compartimos, así, nuestras reflexiones en colectivo al visionar las películas de Nora de Izcue, a las que hemos tenido alcance gracias al internet y la posibilidad de hacer más democrático el acceso a obras que deberían ser parte de los estudios históricos sobre el cine en el Perú, algo que tanta falta nos hace dentro de los propios espacios de formación.

RUNAN CAYCU (1973)

Runan Caycu evoca la figura del hombre andino despojado de sus derechos que despierta ante la opresión. Un despertar en aras de una lucha que no es solo por la tierra sino, esencialmente, por la vida. Lucha heredada por una nueva generación que decide detener los maltratos y reclama el respeto a la dignidad y educación que sus padres y abuelos, indígenas campesinos, nunca recibieron. Recoger los pedazos salpicados de la carne. Convertir el sufrimiento en grito y el grito en revolución. Y para eso, hay que repetir, como en el título, que uno es humano, recordarle al mundo que uno también es gente.

El corto delega el recurso del narrador enteramente a quien testimonia y en un plano que sitúa a Saturnino Huillca como un busto hablante, que nos confronta y nos hace asistir a la obligación de escucharlo. De escucharlo, además, desde una época donde el campesino comenzaba a apoderarse de la palabra, a tomarla y expresarla. Saturnino Huilca es ese luchador social que despliega una puesta en escena propia, sin necesidad de dirección, evitando ese sometimiento.

Este cortometraje tuvo ayuda del SINAMOS para su producción; sin embargo, fue esta misma institución quien lo censuró, lo cual hizo que la directora culmine la posproducción en Cuba, ya que, en el registro, se relata que las luchas campesinas venían movilizándose desde mucho antes del gobierno militar del 68.

La imagen fija es un elemento notable, no solo por las fotografías de hombres que nos miran como preguntando “¿Y dónde está el fruto de mi sangre?”, o por situarnos en la época de modo cronológico, sino porque nos hace testigos de la manipulación creada por la prensa peruana, al esbozar al ciudadano indígena como un salvaje incendiario, un extremista invasor, un agitador sin arreglo que busca todo, menos la reforma. Se retrata, desde adentro, la dinámica del movimiento cusqueño campesino, en su lengua materna y visión de la vida y el mundo.

“Caminaré hasta lo último. Para que nuestros hijos, nuestros nietos, sean hombres de un gran pensamiento. Nuestra generación venidera tendrá que ser mejor que nosotros y ellos dirán, nuestros mayores, nuestros abuelos, no lucharon en vano”.

En la lucha de Saturnino solo existe amor, sentimiento que emerge, se impregna y hace que nos crezcan agallas. Ver Runan Caycu, en el momento actual, nos increpa. Primero, nos preguntamos: ¿cuánto hemos hecho para que ese clasismo y racismo contra personas peruanas originarias desaparezca? ¿Cuál es la narrativa de los últimos gobiernos respectos a los justos reclamos de la población indígena? Parece que nada ha cambiado y que aún ahora es evidente esa violencia que, en el 70, Saturnino Huilca desafiaba. También, desde este sector, nos hace reflexionar sobre lo siguiente: ¿cuántos ciudadanos originarios registran, graban y exhiben sus propias luchas, dentro del ecosistema audiovisual y cinematográfico del Perú?

Consideramos que Runan Caycu, obra que ahora es estudiada y debatida en distintos espacios académicos o vinculados al audiovisual, puede ser una posibilidad de exhibición en territorios donde se filmó, con el fin de tejer un puente de diálogo contemporáneo alrededor de lo registrado hace más de 50 años.

CON UNA SOLA MANO (1987)

La participación comunitaria se presenta como un motor de cambio en el proyecto “Ununchis”, que abarcó a más de treinta barrios de la región de Cusco, capaz de empoderar a los pobladores y de inspirar iniciativas de desarrollo donde la comunidad es protagonista. Esto por la conquista de sus derechos, en este caso, el acceso al agua potable, un derecho fundamental y por el que aún se lucha en el Perú.

A partir de este liderazgo, ellas, las mujeres cusqueñas, impulsan proyectos sociales y educativos, que buscan ampliar las oportunidades para los jóvenes y romper las condiciones de marginación y racismo presentes en su entorno. Un conjunto de componentes que generan una mezcla de emociones, como enojo, tristeza o alegría, pues no solo es un registro de las vivencias o dinámicas culturales de una comunidad, sino que representan la lucha por mejorar las condiciones de vida básicas para sus familias, teniendo como única consigna o premisa, para este cambio, la organización social.

La directora mezcla elementos prioritarios de las personas que registra. Usa la voz en off, que narra todo el proceso de ejecución del proyecto, así como emplea recursos musicales, entrevistas y material de archivo, elementos todos vinculados a la identidad de un territorio organizado, liderazgo comunitario y las diversas asambleas para tomar decisiones conjuntas. A esto, añade también escenarios de celebración colectiva con presentaciones artísticas.

“Con una sola mano” es memoria y nos permite mirar cómo peruanas y peruanos organizados en los ochenta, en medio de crisis, mantuvieron la determinación de hacer sostenible y posible el acceso al agua potable dentro de su propia comunidad, sin importar el tiempo necesario para lograrlo.

COLOR DE MUJER (1990)

Después de la reforma agraria y el paso de las haciendas a convertirse en cooperativas, nos encontramos en “El guayabo”, un centro poblado ubicado en el distrito de El Carmen, en Chincha, donde se sitúan familias afroperuanas dedicadas a la agricultura o venta de animales. Ellas mantienen recuerdos de sus padres y abuelos, trabajadores de la tierra, sobrevivientes a la explotación y el abuso de capataces y propietarios. Tierras que luego se les fueron devueltas y, tras lo cual, pudieron forjar un esperanza para mejorar la calidad de vida de quienes vendrían después.

Esta es una pieza audiovisual que utiliza la autorepresentación de la esclavitud, el registro de las familias afrodescendienes actualmente y la capacidad de sus mujeres para organizarse: construir colegios secundarios y escuelas técnicas dentro del centro poblado, como sinónimo de desarrollo. Asimismo, el uso de recursos técnicos como los movimientos de cámara, zoom in y zoom out, permiten observar detalles significativos, como gestos de emoción, instrumentos musicales siendo ejecutados, bailes y herramientas de trabajo. Por su parte, el paneo funciona como un elemento de transición que conecta las experiencias individuales, expresadas en los testimonios, con las experiencias colectivas, vinculadas al trabajo comunitario.

Los diálogos y testimonios permiten establecer una conexión directa con las vivencias de los protagonistas. A través de sus relatos, se evidencian historias de valor, lucha y resistencia, que muestran cómo la organización colectiva permite enfrentar y superar desafíos sociales, culturales y económicos, a largo plazo. Donde las mujeres afroperuanas crían, se organizan y celebran dentro de su comunidad, a pesar de todo este proceso.

LA ARMONÍA SILENCIOSA (1998)

Se trata de un cortometraje documental y biográfico que nos adentra en la vida y obra de Elena de Izcue, una artista y educadora peruana, pionera en el estudio del arte prehispánico y en incorporarlo en las artes decorativas, además de llevarlo al reconocimiento internacional.

La obra evoca calma, contemplación y orden, ya que nos invita a observar con atención, mirar detenidamente los detalles, como si estuviéramos apreciando una obra pictórica compuesta por, evidentemente, figuras y colores precolombinos. También nos recuerda lo que se asociaba con lo femenino, el trabajo paciente y delicado. Silencioso, pero muy presente, como el arte de las culturas del antiguo Perú.

El tono pausado de la narradora de la pieza audiovisual, que además lo hace en primera persona y representa la voz de la propia Elena de Izcue, transmite serenidad, no es vacía, sino respetuosa. Esto va acompañado de fotos de su archivo personal, ilustraciones e imágenes que van recreando situaciones importantes para la vida de la creadora: recursos vivos, que dialogan con el presente.

La música es sutil, marca el ritmo y genera una sensación de orden, continuo y delicado. La cámara es lenta, busca acompañar, pero sin irrumpir. Los encuadres invitan a dirigir la vista hacia los detalles, con una clara intención de “educar” al espectador, de enseñarle a apreciarlos y a apreciar al personaje que nos están mostrando.

Este documental posee una intención claramente pedagógica alrededor de una mujer, nuevamente, invisibilizada dentro de la historia del Perú en el sector de las artes. Poder exhibir y compartir esta pieza audiovisual emotiva, nos envuelve en el interés de conocer más sobre Elena de Izcue, artista y educadora de principios del siglo XX, que además es la tía abuela de Nora de Izcue.

EL VIENTO DE TODAS PARTES (2003)

Es una obra que nos recuerda los hechos que ocurrieron en el Perú durante la época del fujimorismo. Una parte de la historia de nuestro país contada a través de los testimonios de quienes vivieron los hechos y complementada con registros audiovisuales. Más allá de ser una recolección de episodios, Nora de Izcue nos muestra el proceso de cómo fue el despertar de la población, de reconocerse a sí misma en una época oscura donde el terror era un medio de control.

En la película, vemos como una población, atemorizada y resignada, progresivamente va perdiendo el miedo. Observamos cómo estos sentires son reemplazados por una inconformidad generalizada, cómo renace el espíritu de protesta y cómo este se manifiesta a través de movilizaciones que existieron en todo el país, unidas bajo una sola consigna: recuperar lo que es suyo, recuperar el Perú.

Sobre los recursos técnicos del lenguaje audiovisual, podemos percibir que la película no busca destacar con innovaciones tecnológicas. Su objetivo es claro: conectar con el espectador usando un lenguaje sencillo, claramente político, pero ético.

Para ello se vale de material de archivo como noticieros, videos amateurs e imágenes callejeras que, aunque son del pasado, en el documental se perciben como recursos vivos. También podemos encontrar entrevistas con encuadres sencillos (planos medios y generales) y luz funcional, buscando enfocar la atención en el testimonio y no en la persona o el paisaje.

Asimismo, la cámara es cercana, compañera, no resalta a los personajes, solo a la voz. Todo ello es complementado con un sonido imperfecto, haciéndolo sentir natural, algo muy real. Al ver el documental, nos sentimos parte de todo el proceso de cambio que estaba ocurriendo en el Perú de esa época, ya que el contexto histórico que ocurre allí comparte similitudes con lo que estamos viviendo actualmente. Es como si estuviéramos viendo un remake, con cambios en el guion y en el elenco, pero con el mismo curso de la historia.

“El viento de todas partes” es un documento sobre la historia de nuestro país, por lo que es recomendada para ver en colectivo, tanto por el tema que aborda como por lo que demanda. Esta no es una película solo para espectar, sino que pide activar la conversación, la memoria y generar incomodidad. Por ende, resulta idónea para proyectarse en universidades e institutos, en cineclubes, centros culturales, organizaciones y/o colectivos de la sociedad civil y en todo espacio que permita la disposición para preguntarnos por nuestro rol como ciudadanos, cuestionarnos y reflexionar colectivamente.

Como partícipes, en la actualidad, de una de las elecciones más difíciles de los últimos años, “El viento de todas partes” es una herramienta necesaria que todo votante peruano debe revisar.

RESPONSO PARA UN ABRAZO, TRAS LA HUELLA DE UN POETA (2013) 

Documental dirigido por Nora de Izcue, toma su título de un poema nostálgico y desgarrador de César Calvo, una elección que desde el inicio nos sitúa en el terreno de la memoria y el afecto. En un primer momento, la obra evoca una búsqueda íntima, casi necesaria, por reconstruir no solo la figura pública del poeta, sino al ser humano detrás de la leyenda. Se asocia con un viaje al pasado que intenta comprender cómo un creador tan talentoso y exuberante, figura clave de la Generación del 60, podía estar al mismo tiempo atravesado por la soledad y el dolor. La propia directora señala que, detrás de su personalidad entrañable y luminosa, existía una dimensión más vulnerable y esa dualidad es la que articula el documental: la del artista admirado y el hombre profundamente humano.

Desde el lenguaje audiovisual, resultan especialmente valiosas las imágenes de archivo y los testimonios de familiares y amigos, que funcionan como hilos que van tejiendo su memoria. La presencia de su madre, Graciela Soriano de Calvo, filmada con más de cien años y en plena lucidez, aporta una carga emocional muy fuerte; su mirada y sus palabras conectan directamente con la raíz más íntima del poeta. A ello se suman voces cercanas como las de Guillermo Calvo, Arturo Corcuera, Reynaldo Naranjo, Hildebrando Pérez, Antonio Cisneros y otros compañeros de ruta, que delinean distintas facetas de su personalidad. El uso de la música y la lectura de sus propios poemas permite que sea el mismo César quien se revele desde su esencia más íntima. Los encuadres cercanos, el ritmo pausado y el tono sobrio de la cámara refuerzan la sensación de respeto y contemplación; no hay artificio innecesario, sino una narrativa que privilegia la palabra, el recuerdo y la emoción contenida.

Al ver la película, nos queda una sensación de nostalgia, pero también de gratitud. Nostalgia por una época en la que, como se sugiere, los ideales parecían atravesar la vida y la obra de los creadores; y gratitud por la posibilidad de reencontrarse con un poeta esencial que dejó huellas profundas en la literatura y la música peruana. El documental logra que su presencia se sienta viva, que su pasión por la vida y por las personas que amó siga resonando. Más que un simple retrato biográfico, se percibe como un acto de amor y amistad, un homenaje sincero que rescata al ser humano detrás del mito.

Es una película que podría ser compartida en cineclubes, universidades y espacios culturales donde se reflexione sobre literatura, memoria e identidad. También en comunidades interesadas en revisar la historia cultural del país y dialogar sobre el papel del arte en tiempos de ideales intensos. Es un valioso documento que merece seguir siendo difundido y conocido, porque no solo habla de un poeta, sino de una generación y de la necesidad de abrazar, desde el presente, las huellas que nos dejó.

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