¿Por qué una congresista se aboca a sacar una ley a como dé lugar sin necesidad de hacerlo y sin el apoyo de ningún gremio cinematográfico? Y lo peor es cómo el Congreso en pleno se atreve a aprobarla, sin consultar a ningún miembro de la industria del cine ni pasar por la Comisión de Cultura. ¿Por qué Adriana Tudela se coloca como la que realmente sabe sobre el tema, cuando son los gremios los que están al tanto de la realidad del cine en el Perú, y por qué ataca de esa forma al cine, limitándolo y censurándolo?
No hay que ser muy perspicaz para saber que Tudela, la hija querida del excanciller de Fujimori, Francisco Tudela (porque hay una hija lesbiana no querida), ha asumido la tarea de silenciar cualquier voz disidente de lo que ella y sus afines intentan imponer en el Perú, algo como el franquismo en España, el medioevo en Europa o la Inquisición en Perú. Añoran aquello que asumen como perdido, aunque no lo han vivido, porque son bastante jóvenes, pero que saben que si vuelve, ellos serán los que manden, sueñan con un gobierno afín a las ideas nacional-socialistas que se impusieron en Alemania lideradas por Hitler, creen que su blancura, su dinero y a veces su apellido los hace merecedores naturales del mando de los países.
Con esta forma de pensar, Cavero, por ejemplo, hace una ley para beneficiar a los bancos o para no controlar los alimentos basura, Tudela puede plantear una ley para que no se haga revisiones técnicas a los centros comerciales, y sumarse a todos los intentos por no sancionar la corrupción y la criminalidad, desde los que comete la presidenta hasta el aprendiz de sicario, porque les conviene, un país inseguro es su caldo de cultivo, un país que no responde cuando ve que sus autoridades son mediocres, corruptas o criminales, es lo que desean.
La nueva ley anticine, como la han llamado las y los trabajadores del cine, busca controlar los contenidos de las películas a través de una Ventanilla Única manejada por el Ministerio de Turismo, para que estas no puedan contar lo que no le gusta al gobierno de turno, como actualmente tenemos un gobierno fujimorista, lo que buscan es que no cuenten, por ejemplo, cómo un canciller bailó el ritmo del chino mientras intentaban reelegir por tercera vez al presidente más corrupto que ha tenido el Perú.
Pero no solo busca controlar las historias que se podrán contar, también busca eliminar historias que son marginales, que no se hacen en Lima, por ejemplo, las historias de las regiones, o las habladas en quechua, aymara o lenguas amazónicas, las historias lgtbiq+, las historias de feministas, así, «creyendo» que están eliminando la discriminación, porque la nueva ley ordena un trato igualitario y prohíbe hacer diferencias por origen, raza, nacionalidad, sexo o cualquier otro tipo en los concursos para acceder a financiamiento del Estado, que ya era parte de la ley anterior, pero usada para bien, en la ley de Tudela, este mandato solo sirve para poner en desigualdad de condiciones a quienes son de por sí ya desiguales, porque quita la paridad de género y la participación de realizadores indígenas, quienes no están en igualdad de condiciones que una productora de Lima que hace «Asumare» veinte veces.
Para Tudela, en su gélida imaginación, esa es la igualdad, poner en la misma línea de partida para que corran el mismo trecho, a Willaq Pirqa y a Adolescente, el nuevo éxito de Netflix, para ver quién llega primero y hace más dinero.
Aquí pueden leer un artículo que explica mejor este tema: El cine, la ley y la igualdad: sobre el Proyecto de Ley N° 5903/2023-CR de la congresista Adriana Tudela.
Pero no solo impone una igualdad de mentira, sino que les pone la vaya más alta, obliga a que todas las futuras películas tengan un 30% de su financiamiento garantizado, algo que solo pueden lograr grandes productoras, todos los demás cineastas independientes y de pequeñas productoras van a ver completamente imposibilitado sus anhelos de ver sus películas realizadas algún día.
Han sido muchas las voces que se han levantado contra el proyecto, pero a ninguna se le ha escuchado. La Escuela de Cine Amazónico, que existe porque en el Perú se tienen que hacer iniciativas de escuelas de cine ya que no tenemos una escuela de cine pública, dice en su pronunciamiento, que lo que busca la ley es «acallar las voces diversas del Perú, convertirlo en un panfleto oficial». Y tienen toda la razón, Tudela y compañía, es decir, el 90% del Congreso que tenemos, buscan destruir el cine peruano, destruir a sus cineastas y favorecer a grandes empresas a las que no les importa más que contar cuántas veces vino el oso Paddington al Perú.
Un cine que se come, se deglute y se excreta, olvidable, sin trascendencia ni profundidad es lo que quieren, pero los Tudelas y Caveros pasarán, el cine seguirá haciéndose, porque siempre se ha hecho, incluso en los peores momentos, en dictaduras salvajes, en crisis insalvables, y quienes lo pusieron en peligro, quienes firmaron su sentencia de muerte una vez más, serán recordados como los pequeños hitlers y francos de nuestros tiempos, en toda su minúscula estatura, con el mayor de nuestros desprecios.