Yezzenia Sánchez presenta “La Mirada que Habita”, un viaje pictórico hacia lo invisible del rostro femenino
- La artista presenta 12 retratos en distintos formatos donde el rostro se convierte en espejo emocional y espacio de introspección. La exposición se presenta en el marco del Día Internacional de la Mujer, y podrá visitarse del 11 de marzo al 30 de abril en Casa Tambo.
La artista plástica Yezzenia Sánchez presenta La Mirada que Habita, su primera exposición individual, una propuesta pictórica que sitúa el rostro de la mujer como eje central de una exploración sensible sobre la intimidad, la memoria y la emoción contenida. A través de 12 obras la muestra construye un recorrido donde la mirada se convierte en puente entre la obra y el espectador.

“He vivido rodeada de mujeres, soy la sexta de 7 hermanos, 6 somos mujeres y en ‘La Mirada que Habita’ es revelar esa presencia íntima que no siempre es visible a primera vista, va más allá de la apariencia, donde se encuentra la timidez, fragilidad, miedo, amor y un sin fin de emociones que se insinúan entre los trazos del pincel y el color”, afirma la artista.
Los personajes que habitan estas pinturas no corresponden a identidades específicas. Son rostros anónimos que emergen desde estados emocionales y recuerdos personales. “Los rostros que pinto son anónimos, no es alguien en específico, me inspiro en emociones, recuerdos, vivencias, generalmente son estados sensibles, silencios interiores que cualquiera puede reconocer”, explica Sánchez. De esta manera, cada obra propone un ejercicio de identificación y contemplación que trasciende lo narrativo.
El título de la exposición refuerza esa intención. Para la artista, la mirada es el centro expresivo del retrato: “Los ojos es la parte del rostro que más comunica, es una presencia interior que habla de emociones ocultas, silenciosas y que revelan lo que no es evidente, eso hace que el espectador pueda encontrarse consigo mismo”. Así, la muestra plantea un espacio de conexión íntima donde cada pintura funciona como un espejo emocional.
El texto curatorial, a cargo de Joseph Firbas, subraya esta dimensión introspectiva al señalar: “En la obra de Yezzenia Sánchez, el rostro humano se convierte en un territorio donde lo íntimo, lo sensual y lo enigmático coexisten en un delicado equilibrio. A través de una monocromía cuidadosamente orquestada la artista depura el color para revelar lo esencial: la vibración emocional que habita en cada gesto, cada sombra y cada silencio del retrato.”
Asimismo, el curador destaca el carácter abierto de la propuesta: “La artista construye así un lenguaje visual donde la carga psicológica no pretende definir al personaje, sino abrir un espacio para que el espectador se reconozca en él.”
Como primera individual, la expectativa de la artista está puesta en el vínculo con el público. “Espero una conexión única, íntima con el espectador y que cada obra funcione como un espejo emocional, que se reconozca en las miradas y deje fluir lo que siente y conecte con eso más que con lo que ve”, señala.
La exposición que cuenta con la curaduría de Belinda Tami, se inaugura el 11 de marzo a las 5:00 p.m. en Casa Tambo (Jirón de la Unión 1066, Centro Histórico de Lima) y podrá visitarse hasta el 30 de abril. El horario de visita es de lunes a domingo, de 1:00 p.m. a 7:00 p.m. El ingreso es libre.
Sobre la artista
Yezzenia Sánchez estudió Pintura en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú. Su obra aborda la representación de la mujer como símbolo de vida, resiliencia y fortaleza, explorando la vulnerabilidad como una forma de poder interior y transformación. Ha participado en exposiciones colectivas en Lima, Cusco y Trujillo, así como en Chile, Francia, España y Ecuador. Actualmente integra la muestra internacional itinerante Semillas de armonía. El color nos une, que recorre México, Colombia, Brasil, Argentina, España y Perú, consolidando su proyección hacia públicos diversos. Más información en Instagram: @yezsart y Facebook: Yezzenia Sánchez.
Con La Mirada que Habita, Sánchez profundiza en su exploración del retrato como territorio emocional y espacio de reconocimiento compartido.
