El primer triple debate presidencial de la carrera electoral 2026 nos dejó otro nuevo sinsabor. Pero, ¡Hey! Las risas no faltaron… ¿eh? Entonces, ¿Qué le faltó o qué tuvo de más?

Unas rondas de debates que buscaban el clip y repetitivas a más no poder. Y es que la mayoría de promesas de los candidatos se perdían como si estuvieran entre el humo de una bomba lacrimógena recién lanzada en la avenida Abancay; esa insistencia en formular propuestas sin profundidad, más genéricas que las medicinas de los centros de salud pública.

Pero el «chou» era lo que más esperaba la gente: presentaciones que justifiquen el ver TVPerú —o la señal del JNE— con canchita y cerveza o el perderse algún otro programa de rutina o una película o serie de alguna plataforma.

En la primera fecha, las risas finales que provocó unos segundos de imitación de Carlos Álvarez no superó el verdadero entretenimiento que estuvo minutos antes a cargo de Fernando Olivera, quien enrojeció las palmas de la multitud, tras resucitar a su aplanadora verbal y dirigirla esta vez hacia un César Acuña predecible e indefenso, si lo comparamos con el Alan García que recibió el ataque en 2016. Aunque, si bien recuerdo, García tampoco pudo hacer mucho, mas que sonreírle al techo.

El segundo encuentro estuvo medio deslucido, salvo algunas jugadas individuales como la del hermanón Ricardo Belmont, quien apelando a su experiencia de viejo lobo se atrevió a huevonear a algunos adversarios políticos.

El tercer round era uno de los más esperados, acá nos enteraríamos cómo es que iba a oscurecer el camino Keiko Fujimori, si al final había cambiado o no la pelona. Pero una pequeña luz llegó gracias a Mesías Guevara, quien con reflejos de gato techero, le dio un tatequieto a la líder fujimorista, un «ya siéntese, señora» a cada promesa vacía de la líder fujimorista. Jorge Nieto también se dio cuenta que podía hacer daño, pero prefirió seguir en su papel de moderado.

Parece que no fue importante, pero nadie levantó la mano para preguntarle a los candidatos —o preguntarse entre ellos mismos— quiénes van con ellos en las vicepresidencias. Que nos recuerden quiénes los flanquean. Debería ser una necesidad saberlo, dadas las últimas experiencias con Martín Vizcarra, en el caso de PPK y Dina Boluarte, quien abandonó a Pedro Castillo para ver tranquila sus novelas turcas en un cómodo sillón de Palacio.

Peor aún, nadie les ha cuestionado por algunos de los posibles parlamentarios que llenan la lista del partido por el cual postulan. Los envidiosos me dirán que así es el formato del debate, pero muchos de los candidatos se salieron —siempre lo harán— de ese guion. Ahí tenemos las evidencias.

No queda nada de tiempo para un debate de propuestas de senadores o diputados, y por eso ahí van ellas y ellos, sin nadie que los incomode antes de entrar al área y metan su gol casi sin arquero.

Al empezar el año 2026 nos enteramos por los medios que había casi trecientos candidatos con sentencias por incumplimiento de obligación alimentaria, peculado, malversación de fondos, manejando su automóvil en estado de ebriedad, violencia familiar, resistirse a la autoridad, falsificar documentos, hurto, lesiones, estafas, y muchos, muchos otros delitos.

Hay espacios —como el que ofrece la Universidad Mayor de San Marcos— para saber las propuestas de estos candidatos al Parlamento. Algunos de estos ya han aparecido en programas de streaming y han quedado un puesto más abajo que el ridículo. Al final, la difusión de estas propuestas debió ser por medios de fácil acceso para todas y todos los peruanos y saber —alguito— por quién votar o, al menos, por quién no votar.

(Afiche promocional de la UNMSM – Facebook)

Esperemos que la próxima trilogía de debates presidenciales, programada para 30 y 31 marzo y 1 de abril, nos deje claridad en las propuestas y la visión que tiene cada candidato sobre el Perú, que convenza a quienes creen que decidirán su voto en el último minuto, en la fila de ingreso al centro de votación. Si no hay eso, al menos que nos den un buen espectáculo.