Controversia ha generado la última campaña del Gobierno que busca infundir en las y los peruanos sentimientos de resistencia, lucha y coraje frente a la crisis sanitaria, económica y laboral que enfrenta el país, porque nunca antes habíamos visto cómo el Estado presenta su ausencia en la vida de las mujeres de forma tan descarada.

La campaña “#LuchaPerú #NoHayNadaQueNosDetenga narra la historia de una mujer así: “La historia de Lucha es la historia del Perú escrita a diario por mujeres peruanas, motor del país. La vida de Lucha refleja el espíritu de nuestra ciudadanía, que supera las adversidades y mira el futuro con esperanza. Esta pandemia es solo una lucha más de la que saldremos adelante juntos porque #NoHayNadaQueNosDetenga”, nos dice el mensaje de presentación.

La historia de Lucha no es novedad, en el Perú la regla es que millones de peruanas tengan que enfrentar una serie de obstáculos para poder tener una vida digna y acceder a derechos, y a veces nunca alcanzarlos, el problema surge cuando la historia es contada como si todo ocurriera por casualidades y no causalidades, como si las circunstancias que la rodean no tengan un correlato histórico, sino que fuera natural que situaciones así existan, como si no hubiera causas históricas que articulan un sistema racista, clasista, machista y heteronormado que crea y perpetúa historias como las de Lucha y su madre. En lugar de hacer ese análisis, se esencializa la pobreza y la violencia a un género y una clase social. Es lo que se espera, y como el Estado no hace mucho para cambiarlo, es lo que termina sucediendo.

A través de un lenguaje coloquial ocultan violencia de género, embarazo adolescentes forzado, pobreza, maltrato, falta de cuidado y abandono estatal, además de reforzar una mirada individualista y neoliberal de las circunstancias en las que se superan los problemas, a través del emprendimiento y no de la acción social, en un intento de reforzar modos de progresar separados de la colectividad. Repasemos lo que dice el video:

Una mujer en primer plano dice haciendo referencia a la mujer que está atrás en segundo plano nos cuenta:

– “Ella es mi hija. Le puse Lucha, no Luisa, porque como toda mujer sabía que la tendría que luchar”. No hay duda de que las mujeres tenemos que luchar en sociedades machistas y misóginas, pero esencializar esas desventajas y convertirlas en misiones impone un destino sobre la vida del género femenimo.

– “Cuando era pequeñita dejamos nuestro hogar y empezamos uno nuevo desde cero”. En la escena se ve que la madre de Lucha huye de un hombre violento y alcoholizado que le está gritando y alza un arma amenazadoramente, por lo que suponemos que la violenta tanto que tiene que huir. Todo eso lo tenemos que suponer pues nunca se menciona el origen de la huida de la madre de Lucha, de quien nunca sabremos su nombre.

– “Terminó su secundaria y cuando planeaba una carrera me vino con una sorpresa”. La sorpresa es estar embarazada, los embarazos adolescentes suelen truncar sus planes como se observa en el relato que pasa con Lucha, provocando deserción escolar y abandono de proyectos de vida, pero las mujeres no se embarazan sorpresivamente, por acción del espíritu santo, existe un sistema social y sexual que permite que las adolescentes estén desprotegidas y no cuenten con información suficiente para poder ejercer una ciudadanía sexual plena e informada, en donde puedan tomar decisiones acertadas y disminuir los riesgos de empezar una vida sexual joven, usar métodos anticonceptivos, retrasar el inicio de su vida sexual y si es necesario abortar. Nada de eso es posible en el Perú. Las tasas de embarazo son altos, se sigue culpabilizando a las mujeres de estos como si los hombres no fueran parte de ellos, no se las protege de la violencia sexual y no se les permite abortar.

– “¿Cómo les vas a poner le pregunté? ¡Esperanza! Y mi hija siguió luchando ahora con Esperanza”. Aquí se refleja la completa ausencia del Estado en la vida de Lucha, Esperanza y la abuela. Lucha tiene que trabajar en cualquier cosa para poder subsistir y mantener a su hija, dejando de lado sus planes al convertirse en madre. ¿El Estado la ayudó a no posponer su proyecto de vida? ¿El Estado la obligó a ser madre? Sí, no dándole otra alternativa pues criminaliza esa posibilidad. ¿El Estado compensó en algo que Lucha no cumpliera sus objetivos? No. Como Lucha, millones de mujeres en el Perú tienen sus hijas e hijos y solas tienen que sacarlos adelante.

Lo que debería ser una excepción, termina convirtiéndose en la regla y para que esta situación que suele orillar a las mujeres a la pobreza y la precariedad no se vea tan espantosa como es se romantiza, el Estado le dice a Lucha que no se la va a poner fácil, que tendrán todas las piedras en el camino y que sin su ayuda va a tener que salir adelante, y Lucha lo logra. “¡Bravo Lucha! Si Lucha puede, ¿por qué no pueden las demás mujeres”, nos pregunta la institucionalidad estatal. Solo falta que digan que una es pobre porque quiere.

¿El Estado hizo algo contra el hombre que golpeaba a la madre de Lucha? ¿El Estado hizo algo contra el hombre que embarazó a Lucha? ¿El Estado hizo algo por Lucha aparte de obligarla a luchar desde que nació? Nada, se omite terriblemente la responsabilidad de los hombres en las violencias que viven las mujeres, y se omite la responsabilidad del Estado en las penurias de Lucha y su madre, la lucha de estas mujeres es frente al abandono del Estado que no cumple con garantizarles salud, educación, vivienda digna y una vida libre de violencia. En su lugar les venden el sacrificio y la precariedad como un logro. Pero Lucha es un porcentaje exiguo de mujeres que tenían su propio negocio y luego se reinventan, ¿qué pasa con las miles de Luchas que trabajan en fábricas explotadas de 6 de la mañana a 8 de la noche? ¿Qué pasa con las Luchas que trabajan en los hogares 24/7 cama adentro o como gusten llamar a esa forma de esclavitud? ¿Qué pasa con las Luchas trabajadoras sexuales? ¿Qué pasa con las Luchas LGTBI, indígenas, afrodescendientes, con discapacidad? ¿El Estado también les va a hacer creer que es un mérito vivir como viven y sufrir hasta morir? ¿Hasta cuándo?