La violencia policial ya va dejando decenas de muertos en la dictadura de Dina Boluarte, esta violencia está quedando impune y recibe el apoyo de los medios de comunicación y de algunos médicos, que en lugar de atender a los pacientes privilegiando el buen trato, prefieren unirse al coro fascista que los culpabiliza de sus heridas y muertes, por eso compartimos este testimonio anónimo qué cuenta cómo una joven mujer herida fue maltratada en el hospital y tuvo que huir para que la policía no la detenga con la cabeza rota.

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El día 28 de enero, en el marco de las movilizaciones contra la dictadura cívico-militar de Dina Boluarte, se convocó a un Paro Nacional al que asistí para alzar mi voz y ejercer mi derecho constitucional a la protesta. 

En el recorrido, la movilización desembocó en la Av. Abancay donde inició una brutal represión y una emboscada por parte de la PNP para impedir que los manifestantes huyeran de sus balas y gases, empezaron a disparar directo al cuerpo y a la cabeza. Una de esas bombas lacrimógenas impactó en mi cabeza, provocando un inmediato y abundante sangrado. Afortunadamente, los primeros auxilios los recibí de las brigadas y mis compañeras feministas, quienes a pesar de lo difícil que fue salir de esa avenida, ya que los policías no dejaban de disparar, lograron llevarme al Hospital Grau.

En el Hospital Grau, lejos de brindarme atención rápida y de cuidado, recibí un trato inhumano, indolente, cruel y antiético por parte del cirujano general José Luis Chávez Cacho, con CMP 15690, de la Red de Asistencia Almenara, quien me maltrató psicológicamente desde el instante en que ingresé de emergencia al tópico de cirugía.

Me sangraba la cabeza por esa herida de 4cm, mientras el doctor Chávez Cacho me culpaba de tenerla rota por estar en la protesta, es decir, que tal herida producida por el proyectil disparado por la PNP, que pudo causarme la muerte, como sí le sucedió a Víctor Santisteban Yacsavilca, era mi responsabilidad, porque “quién me mandaba a estar ahí, para eso van a tirar piedras, si solo van a marchar terroristas y delincuentes”.

En mi estado de shock, pude decirle que yo no era ninguna terrorista ni delincuente, que soy una joven mujer trabajadora, ingeniera industrial de profesión, que había ido a marchar sin ejercer violencia, cuando me disparó la policía directo a la cabeza. “A mí no me consta que esa herida la haya causado un policía, pudo haber sido el impacto de una piedra por parte de los violentistas”, me dijo. Misma narrativa inverosímil que se está usando para ocultar a los verdaderos responsables del asesinato de Víctor Santisteban Yacsavilca.

Mientras me suturaban el corte del impacto de la bomba lacrimógena con 6 puntos, el doctor seguía con sus comentarios claramente prejuiciosos, amedrentadores y criminalizadores, violentándome psicológicamente en ese momento de debilidad y vulnerabilidad. Cuando mi compañera intentó sacar el celular para grabar disimuladamente los maltratos, rápidamente amenazaron con echarla apenas vieron el teléfono. Además de todas estas violencias, maltratos, terruqueo y amenazas, me negaron sacarme los exámenes pertinentes y el descanso médico correspondiente a la lesión, al que tengo derecho, luego de insistirle varias veces, solo atinó a darme un descanso médico de 3 horas.

Me siento indignada por todo el maltrato que recibí como paciente en estado de emergencia en ese hospital y denigrada y humillada como asegurada de EsSalud. No es justo que los doctores ejerzan sus prejuicios sobre sus pacientes, perjudicando su salud y negándoles una buena atención porque discrepan con sus opiniones personales. Esto contraviene totalmente la ética y su juramento hipocrático.

Tuve que salir huyendo por la parte trasera del nosocomio, sin terminar de atenderme porque la PNP ingresaba al interior del hospital para detener a los heridos. Es decir, la violencia se está ejerciendo con impunidad y en complicidad con varias instituciones del estado, la violencia y la criminalización de la protesta se están institucionalizando.

Hago pública esta denuncia porque es necesario alertar y que se visibilice y conozca la verdad sobre el maltrato médico que está ejerciendo no solo el cirujano general José Luis Chávez Cacho, con CMP 15690, de la Red de Asistencia Almenara, sino también varios hospitales que están tratando a los heridos durante esta represión dictatorial, pues es probable que su vida y su salud estén en peligro.