Una sucia campaña electoral

Esta temporada electoral nos ha mostrado una serie de conductas sobre las que sería bueno reflexionar, se ha confundido “la estrategia” política con actos nefastos y ruines, personajes que han evidenciado su racismo regalando jabones, “líderes” que llaman extremistas a las mujeres que denuncian violaciones sexuales y fundamentalistas que se niegan a mostrar respeto por las identidades de género y la diversidad sexual, que hoy más que nunca están presentes en esta contienda electoral; pero hay un hecho que me parece sumamente preocupante y se trata de la difusión de un supuesto diagnóstico de enfermedad psiquiátrica de una excongresista de Fuerza Popular y actual candidata por Solidaridad Nacional, y sobre ello es bueno detenernos a pensar.

El primero punto es, que de ser cierta la información, se trataría de una clara vulneración al derecho a la intimidad, lo cual representa una falta ética y legal tanto del personal de salud que lo brindó a los medios de comunicación, como de los medios que la han difundido; asimismo, resulta bastante repulsivo que se haya pretendido usar esta condición de salud, como herramienta de una estrategia política para desacreditarla, quien a pesar de haber tenido una conducta moral muy cuestionada, no solo por pertenecer a una bancada que se dedicó a obstruir la democracia y vulnerar derechos humanos, sino que ha sido partícipe de actos de corrupción, además de estar siempre en el ojo público por sus polémicas declaraciones, muchas de ellas risibles, no ha perdido el derecho a la confidencialidad de su diagnóstico médico.  

Es importante reflexionar sobre nuestra condición humana y es necesario separar a la mujer corrupta e indeseable que de hecho genera repudio popular, de la mujer con una condición clínica que merece toda la empatía y respeto que cualquier ser humano requiere. Las enfermedades mentales siempre han sido motivo de estigma y discriminación en nuestra sociedad, pero las mujeres han sido las víctimas que más han sufrido de este tipo de violencia, porque no solo se les ha tratado con mayor dureza o han sido además objeto de una serie de abusos sexuales por detallar solo algunos tipos de violencia; sino que han sido diagnosticadas de enfermedades mentales sin tenerlas, con la finalidad de controlar su comportamiento, es así que muchas científicas y políticas, han sido recluidas en hospitales psiquiátricos bajo descabellados diagnósticos que daban sustento e impunidad a la masculinidad, que siempre ha pretendido que la mujer sea sumisa, obediente y que sea solo un objeto sexual y de reproducción, para callarla e impedir que sea libre. Esta situación no ha cambiado demasiado en la actualidad y si bien es cierto ya no es tan fácil recluir a una mujer en un centro psiquiátrico, llamarla “loca” es una salida siempre efectiva para descalificarla y la medicina ha sido la cómplice perfecta del patriarcado para ser su mano ejecutora, pues usando “argumentos científicos” ha diagnosticado y etiquetado como “locas” a muchas mujeres con la única finalidad de oprimirla.

“…el internamiento en instituciones psiquiátricas, la aplicación de electroshocks y la medicalización con psicofármacos para reconducir a aquellas mujeres que no se atendían a los roles y mandatos de género y a la sexualidad normativa; la categorización diagnóstica que individualiza, psicologiza y psiquiatriza las problemáticas de salud, enmascarando la sobreexplotación de las mujeres y los aspectos estructurales que las dañan, no investigando, además, las causas orgánicas que las llevan a enfermar; la sanitarización de sus proceso vitales para convertirlos en objeto de tratamiento médico y farmacológico”. (1)

Es claro que los problemas de salud mental aquejan a las mujeres de manera real, el problema no está en diagnosticarlos, el problema se encuentra en que no se profundiza en sus causas y lo único que se hace, si es que se hace, es medicalizarlas, creando un sobretratamiento, que genera además dependencia y gasto de bolsillo, ya que muchas de ellas no tienen acceso a seguros de salud, cuando las soluciones tienen un componente social y tienen que ver más con políticas con perspectiva de género, que con políticas de acceso a medicamentos.

Las enfermedades neuropsiquiátricas en el Perú representan casi el 18% del total de la carga de enfermedad y producen una pérdida de 1’010,594 años de vida saludables (AVISAS), en promedio, casi 34 años por cada mil habitantes. De esta manera, en nuestro país existen 295 mil personas con limitaciones permanentes para relacionarse con las demás personas. De todos los problemas de salud mental, los problemas psicosociales, la violencia familiar contra las mujeres es una de las que tiene las cifras más altas. Según ENDES 2017, la violencia machista hacia las mujeres, ejercida por sus parejas varones es de casi un poco más del 65%. En el Perú una de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia por su actual pareja y el feminicidio es la expresión de la mortalidad de este problema de salud.

“Las tasas más altas de problemas de salud mental se asocian con desventajas sociales, especialmente con bajos ingresos, servicios de salud y educación insuficiente, desempleo, subempleo y precarias condiciones ocupacionales, claramente si hablamos de uno de los grupos poblacionales más vulnerable en nuestro país, estamos hablando de las mujeres”. (2)

Es innegable que somos las mujeres quienes tenemos mayor riesgo de padecer determinadas enfermedades mentales, también es innegable que el diagnóstico se plantea sin detenerse en las causas sociales, ocasionando que al diagnosticarse a una mujer con algún trastorno mental, lo único que se consiga es estigmatizarla y etiquetarla, así como también darle un sustento científico a las masculinidades tóxicas de perpetuar los diferentes tipos de violencia que se ejercen sobre ella.

La nota “periodística” afirma que la candidata al congreso presenta el diagnóstico de esquizofrenia paranoide y, por lo tanto, está incapacitada de ejercer funciones congresales, es más, la información difundida indica que fue suspendida de sus funciones como regidora debido a esta condición de salud y al parecer ella realiza una demanda contra este medio, lo cual es tomada como una afirmación de su parte.

Muchas personas, entre ciudadanos, personajes de la política y los medios, han atribuido su controvertido actuar a esta condición de su salud mental; sin embargo, esta enfermedad se manifiesta con ciertas condiciones que ella no presenta o por lo menos no de manera evidente.

“La esquizofrenia es una enfermedad muy frecuente y que además es la que origina más estigmatización, esta condición afecta a casi 29 millones de personas en el mundo. Dentro de ellas la esquizofrenia paranoide es el tipo más común y se caracteriza por una presencia de ideas delirantes o alucinaciones auditivas muy frecuentes, además de ausencia de lenguaje y un comportamiento desorganizado o catatónico y un afecto embotado o inadecuado”. (3)

Según Castillo de la UPCH, “de las personas con este diagnóstico, solo el 35% ha tenido algún ingreso económico, siendo casi la mitad de manera informal Y el 90% tenía una actividad productiva (estudiaba o trabajaba) al inicio de la enfermedad, y a 10 años de enfermedad presentaba una caída de 60% en el índice de actividad productiva“. (4)     

Por tanto, el hecho de que una persona con esta enfermedad pueda trabajar y además ejercer derechos ciudadanos como la participación política, no debe causarnos temor ni alarma, sino debería generarnos admiración y respeto, ya que se trataría de un esfuerzo personal muy arduo, pues las políticas de salud pública no prestan las condiciones necesarias para que una persona pueda tener una calidad de vida como la que al parecer posee la excongresista.

Finalmente, es importante recalcar que por ninguna circunstancia se debe justificar el actuar inmoral y nefasto de esta persona, bajo el supuesto de una enfermedad mental, pues de ser cierto este diagnóstico no es la causa de sus delitos, ni la hace inimputable para que la justicia la pueda alcanzar; asimismo, es terriblemente ruin utilizar este recurso ya que no solo se le vulnera a ella personalmente en su condición de paciente, sino a los miles de pacientes que padecen esta enfermedad y no por ello cometen actos de corrupción o vulneran derechos humanos.

Notas

(1) Belén Nogueiras García. Tesis doctoral. La teoría feminista aplicada al ámbito de la salud de las mujeres: discursos y prácticas en España, 1975-2013, para optar el grado de doctora. Madrid, 2018

(2) Lineamientos de política sectorial en salud mental. RM N° 935-2018/MINSA. Ministerio de Salud Dirección General de intervenciones estratégicas en salud pública-Dirección de Salud Mental-Lima: Ministerio de Salud; 2018.54p

(3) Went, Nicolás Ariel. Calidad de vida de pacientes con esquizofrenia paranoide. http://hdl.handle.net/2183/17808

(4) Castillo Martell, Humberto. Impact o schizophenia in the quality of life and human development for patient and families of an institution of mental health care in the city of Lima. Anales de Salud Mental 2014/Vol XXX(2)